Los autores de bolsilibros, sobre todo los más prolíficos —como es el
caso de Curtis Garland—, apenas tenían tiempo de corregir sus textos: todo eso
de “dejar reposar la obra en un cajón durante unos meses” no procedía en
absoluto, pues el método de producción consistía, básicamente, en ir a destajo.
Y presumiblemente, en las imprentas tampoco iban demasiado despacio…
Eso hace que el proceso de edición de textos publicados originalmente en
bolsilibros tenga su complejidad, sobre todo a la hora de corregirlos: no se
trata solamente de limpiar los errores de la digitalización de un texto
(proceso que tiene su complejidad), sino también de localizar las
erratas que los textos originales pudieran incluir. Para ello, tenemos que
trabajar con las versiones publicadas, además de con los textos digitalizados,
y realizar comparativas y consultas constantes.
A esto hay que sumar ciertas diferencias ortográficas entre los textos
publicados en décadas anteriores y en la actualidad: por ejemplo, en aquellos
tiempos, por cuestiones tipográficas, no se estilaba poner tilde a las mayúsculas.
Valga como ejemplo un par de erratas en el original de El Yeti de Curtis Garland, que incluimos en Hammer Horror.
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| Páginas originales de El Yeti, de Curtis Garland. (No, no hemos pintarrajeado el bolsilibro original; hemos retocado la foto para señalar las erratas). |
| Correcciones e indicaciones de maquetación para El Yeti, en nuestra versión para trabajar sobre ella (y sí, pintarrajearla). |
Y no, no son muchas las enmiendas y correcciones que hay que realizar a
los textos. Pero eso sí: hay que buscar minuciosamente y encontrar los gazapos.
Aunque claro: al final, siempre se escapa alguno…
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